© 2019, Joaquín Salvador Lavado Tejón (Quino) • Derechos reservados
 
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entrevistas

Recibo innumerables cartas de lectores, académicos y periodistas con respecto a mi trabajo y, dado que es imposible responderle a todos, espero que la siguiente sección — una recopilación de preguntas realizadas durante entrevistas que me han hecho en los últimos años - sea útil. 

P. ¿Siempre quiso ser dibujante?

 

R. Desde siempre. A los 3 años yo ya quería ser dibujante. No tenía claro de qué, recién a los 14 lo decidí y cuatro años más tarde, vine a Buenos Aires y empecé a recorrer las revistas. Por lo general me decían que las ideas estaban bastante bien, además en esa época todas las revistas trabajaban con libretista. Mi ideal hubiera sido hacer humor mudo, pero cuando entré a trabajar a Rico Tipo (Guillermo) Divito, a quien yo respetaba mucho, me dijo que la gente que pagaba por la revista quería que se le diera material para leer. Yo lo quería y lo admiraba tanto, que le hice caso.

 

P. ¿Qué hubiera sido, de no ser dibujante o humorista?

 

 

R. Mirá, no lo sé muy bien, tampoco me lo planteo mucho. Es lo único

que sé hacer, lo único que me ha atraído en la vida. En esta profesión uno nunca deja de trabajar. Uno está sentado en un bar, en el colectivo o donde sea y tengo que estar observando a la gente. Y no soy el único,

eso le pasa a todos. Es muy difícil decir cuántas horas trabajo, porque siempre estoy trabajando. Incluso cuando voy al cine estoy mirando, aunque ya haya visto la película, y presto atención a cómo está hecho el montaje, para cuando yo hago una historieta, darme cuenta de qué cuadritos sobran. Mi trabajo se parece mucho al de un director de cine, ves en qué ángulo ponés la cámara, si tomás un plano grande o chico y después ponés a los actores, que son los "monitos". A mi desgraciadamente, todos los monitos me salen muy parecidos entre sí, me gustaría tener mayor diversidad pero no me sale.

 

 

P. ¿Mafalda nace por un encargo publicitario?

 

 

R. Exacto, fue un encargo de una agencia de publicidad. Me la

encargaron para una línea que iba a sacar la empresa Siam con el

nombre Mansfield, por eso busqué nombres que se le parecieran, como

Mafalda. Después, no sé por qué la campaña no se hizo, ni salieron esos productos, ni nada. Yo me quedé con 12 tiras que había hecho, con esa familia tipo que era una mezcla de Blondie con Peanuts. Recuerdo que yo compré Peanuts (que en esa época venía directo de Estados Unidos) y me di cuenta de que Schulz había producido un cambio muy grande dentro de la historieta, porque hasta ese momento, todos los personajes tenían una sola característica. En Argentina estaba Avivato, que en todas las tiras hacía una avivada, Falluteliy otros así y en las historietas norteamericanas pasaba lo mismo. Pero este tipo Schulz trajo personajes antipáticos, simpáticos, buenos, malos, envidiosos y eso fue una revolución. Yo tomé bastante de él, pero como no soy norteamericano, hice una adaptación muy argentina de la cosa.

 

 

P. ¿Cómo fue armando el elenco de Mafalda?

 

 

R. Mafalda me parece el personaje más fabricado. Los otros fueron

apareciendo después. Las primeras tiras eran el papá, la mamá y

Mafalda, que les hacía preguntas y ellos no sabían qué contestarle. Felipe apareció muchas tiras después. Me cansé y dije "Acá hay que meter otro tipo, sino esto va a ser un plomo". Y así fueron apareciendo todos, por una necesidad del libreto.

 

 

P. ¿Es cierto que usted se parece mucho a Felipe?

 

 

R. Felipe y Miguelito, una mezcla de los dos. Supongo que me debo

parecer a todos. En Susanita y Manolito he puesto lo que más me

molesta de mí.

 

 

P. La evolución del dibujo en Mafalda ¿es intencional o espontánea?

 

 

R. Uno va corrigiendo y va cambiando. Es como si compararas una firma tuya actual con una de hace seis años. En Mafalda fueron cambios positivos, en otras épocas de mi vida no. He hecho narices horribles. Pero las etapas van pasando sin que uno se dé cuenta. Como dijo el Lolo Amengual, uno dibuja como puede y no como quiere.

 

 

P. ¿Es verdad que usted muchas veces calca?

 

 

R. Si, de un cuadrito a otro. No puedo reproducirme a mí mismo y le

tengo tanto respeto al dibujo original, que me pongo Felipe y digo "¿Y si en el otro cuadrito no me sale igual?".

 

 

P. ¿A usted le gustaba la sopa?

 

 

R. Sí, sí, la sopa es una metáfora sobre el militarismo y la imposición política.

 

 

P. ¿Cómo y por qué decidió dejar de dibujar la tira?

 

 

R. Estaba cansado de hacer siempre lo mismo. La decisión pasó hasta

por zonas conyugales, porque mi mujer estaba podrida de no saber si

podíamos ir al cine, invitar gente a cenar o qué sé yo, porque yo estaba hasta las 10 de la noche con las tiras. Además me costaba mucho no repetir y me daba cuenta de que cuando no se me ocurría nada, enseguida echaba mano a Manolito o a Susanita, que eran los más fáciles. Además hubo un tipo que fue maestro de los dibujantes de mi generación, Oski, y él nos decía que nunca nos metiéramos con un personaje fijo y si nos metíamos, agarráramos una tira y tapáramos el último cuadrito con la mano. Si el lector adivina cómo va a terminar, ahí hay que dejar de hacerlo. Me pareció un buen momento y no me imaginé que veintitantos años después fuera a seguir vigente.

 

 

P.¿Y a qué atribuye esta vigencia?

 

 

R. No sé. Además yo la hacía para la página editorial, no para la página de historietas. Salía en la página de comentario político y de actualidad. Siempre la hice pensando en gente adulta, no para chicos. Pero ahora los chicos tienen tal nivel de información que más o menos pescan todo lo que dice en las historietas de Mafalda.

 

 

P. Si usted decidiera volver a dibujar a Mafalda, ¿se podría adaptar a los tiempos actuales?

 

 

R. Podría acompañar lo que está pasando en la parte humana. Lo que yo no sabría cómo manejar es la parte tecnológica. Cuando yo hacía la tira, la televisión recién aparecía a nivel masivo, popular. Toda la gente tenía televisor en la casa y eso con las computadoras todavía no pasa, pero va a ir pasando y ese mundo yo no lo manejo. No tengo la menor idea de qué tiene un nene en la cabeza ni en qué piensa cuando anda con todo eso, así que no me animaría a meterme. Sí podría acompañar las dudas políticas, los miedos por la situación económica, el sueldo del viejo, todo eso sí. Hace poco un amigo me decía "¿Por qué no hacés una Mafalda de treinta y pico, casada y con hijos que tengan esta mentalidad monetarista jodida que tienen los chicos de ahora? Y que ella luche contra todo eso". Como idea no es mala, muchísima gente me dice "¿Por qué no volvés a hacer Mafalda?".

 

 

P. Hay personajes de historieta a los que la gente les deja siempre la misma edad, pero con Mafalda se da lo contrario, todo el mundo se

imagina que creció. Inclusive usted dijo que hubiera sido una

desaparecida más. ¿Por qué cree que la gente quiere ver a Mafalda

crecida?

 

 

R. Porque la toman como a un personaje de carne y hueso. Eso me ha

llamado siempre la atención. Para mí siempre ha sido un dibujo.

 

 

P. ¿Lo censuraron alguna vez?

 

 

R. Con Mafalda no, con las páginas de humor sí. Cuando llegué a Buenos Aires en 1954 con mi carpetita me enteré cómo era la cosa: Chistes con la religión no, con sexo tampoco, con militares no, que atenten contra la familia (que no sé bien qué quiere decir) tampoco. No había un ente censor, pero el secretario de redacción por ahí te decía "No, esto mejor lo guardamos". Era una especie de autocensura, pero se sabía que venía de más arriba.

 

 

P. ¿Es cierto que usted es un asiduo lector de la Biblia?

 

 

R. Si, pero no en un sentido religioso, sino para buscar ideas. He sacado un montón de chistes de la Biblia. Me asombra sobre todo el poder de síntesis que tiene: Noé baja del arca, planta una viña y se agarra una curda.